domingo, 5 de septiembre de 2010

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EL SABER NO OCUPA LUGAR

Los Bomberos, no son ni mejores ni peores que otros. Son diferentes.

Salvan vidas, por placer y por amor al prójimo.


Intoxicaciones por Inhalación de Monóxido de Carbono


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Además de las llamas para las que tan bien se preparan en combatir, en los incendios los bomberos también enfrentan a otro enemigo, invisible pero tanto o más peligroso: el monóxido de carbono. Se trata de un gas altamente tóxico, de menor densidad que el aire, producto de la combustión incompleta de materiales orgánicos pasibles de ser quemados.

Entre ellos encontramos aquellos que utilizamos a diario en nuestros hogares: gas de red, gas de garrafa, querosén, carbón, leña, maderas, papeles, cartones, dependiendo ello del medio económico en que nos hallemos y de las costumbres, por ejemplo en las casas de campo puede haber hogares a leña, sistemas de calefacción, ya sea por medio de gas o de leña, que llevan aire caliente por medio de tuberías que llegan a los diferentes ambientes.

En las grandes ciudades el combustible mayoritariamente utilizado es el gas de red, mientras que en las zonas geográficas en las que éste no llega, es más frecuente el uso de gas envasado, ya sea en grandes tubos o en garrafas.

Las intoxicaciones por inhalación de monóxido de carbono (CO) cobran muchas víctimas, año tras año, durante la época invernal. También ocurren en verano, pero en este caso es en los departamentos o casas que sólo se usan en vacaciones, o para los fines de semana. No sólo las personas que mueren son víctimas de estas intoxicaciones. También lo son aquellos que, aún si sobreviven, mantienen secuelas que repercuten en su vida futura.

Los accidentes caseros suelen multiplicar los casos de víctimas fatales durante los meses de invierno. Todos los años, el ministerio de Salud de la Nación advierte a la población que “anualmente se registran más de 1000 consultas por exposición a monóxido de carbono en los Centros de Información, Asesoramiento y Asistencia Toxicológica, muchos de ellos graves. Se calcula en más de 200 las muertes por esta etiología, todas ellas prevenibles.”

Con el inicio de lo días fríos surge la necesidad de calentar de alguna manera nuestros hogares. Para hacerlo sin correr ningún peligro, hay que:

- Mantener en buenas condiciones de funcionamiento los calentadores a gas o querosén.

- Mantener adecuadamente la ventilación de estufas de tiro balanceado, de los hogares a leña y de las salamandras.

- Usar correctamente el carbón para calefaccionar los ambientes.

Existen muchas fuentes de producción de monóxido de carbono, tanto naturales como antropogénicas, es decir producidas por el hombre. Entre las naturales se encuentran la oxidación del metano de la atmósfera, las emisiones oceánicas, las producidas por los incendios forestales y también la de los volcanes. A su vez, las emisiones artificiales tienen fuentes estacionarias y móviles: las estacionarias están representadas por la combustión del carbón y del petróleo, los procesos industriales –que incluyen refinerías de petróleo, acerías, fundiciones de hierro y la eliminación de deshechos. Las móviles, corresponden a las emisiones de los automotores a nafta (60 al 70 por ciento del total) y diesel (1 por ciento), mientras que los aviones, barcos y trenes aportan otro el por ciento.

El asesino invisible, la “muerte dulce” y cómo alejarlos

¿Por qué se conoce al monóxido de carbono con el intrigante apodo de “el asesino invisible”? Porque no tiene olor, color, ni irrita los ojos o la nariz, por lo tanto no podemos darnos cuenta de su presencia por medio de nuestros sentidos.

Al ingresar a nuestro organismo se une rápidamente a la hemoglobina de la sangre, con una afinidad 250 a 300 veces mayor que el oxígeno. Una vez unido a la hemoglobina, forma Carboxihemoglobina en la sangre, la cual impide la llegada de oxígeno a los órganos vitales, tales como el corazón y el cerebro.

Los síntomas serán de mayor o menor importancia, dependiendo de la concentración de monóxido existente en el medio, del tiempo que permanezcamos en contacto con él, de las condiciones fisiológicas de las personas. Los bebés y los niños tienen mayor riesgo, debido a que su metabolismo es mayor y su ritmo respiratorio también lo es.

Un grupo de particular riesgo es el de las embarazadas, ya que las vidas que llevan en su seno incorporan tanto o más monóxido que la madre. Otros grupos de riesgo están integrados por aquellas personas que realizan actividades de gran esfuerzo físico, personas con anemia, con enfermedades pulmonares o cardiovasculares.

El mayor peligro de esta intoxicación es que las personas afectadas no pueden detectarla, y de los síntomas iniciales (sueño, dolor de cabeza) se puede pasar a la muerte. Esta es una de las razones por la que ha sido llamada por algunos autores “la muerte dulce”: simplemente nos quedamos dormidos.

El tiempo en que el monóxido de carbono se elimina de nuestro organismo sin mediar tratamiento médico es de entre cinco y seis horas; esto hace posible que repetidas exposiciones pasen inadvertidas, pero los daños en nuestro organismo ocurren igual. Con tratamiento de oxígeno al 100% con máscara –y en los casos más graves con Oxígeno Hiperbático – la vida media del monóxido en la sangre cae a entre 20 y 90 minutos.

Para tener una idea más cabal de la importancia de esta patología, he tomado las consultas recibidas por esta causa de las estadísticas del Centro Nacional de Intoxicaciones del año 2000, correspondiente a las distintas fuentes de intoxicación y a la incidencia de casos en los distintos meses del año.

Si bien los datos de los gráficos corresponden al año 2000, la situación económica que sufre nuestro país hace que los casos sean cada vez mayores y de mayor gravedad. Muchas personas no cuentan con los medios económicos necesarios para reparar sus artefactos domésticos. En las peores situaciones, donde no se puede adquirir o pagar por un buen sistema de calefacción, se opta por los braseros.

La gente que siempre ha estado habituada a ellos sabe que debe encenderlos fuera del ambiente, y que solo debe llevar al interior las brasas, sin llamas ni humos, y que además debe mantener una ventilación adecuada en el ambiente.

Consejos para prevenir la intoxicación con monóxido de carbono

- Mantener los ambientes bien ventilados.

- No dormir con estufas o braseros encendidos.

- No usar el horno como calefacción.

- Controlar el funcionamiento de los artefactos de calefacción.

Los síntomas más frecuentes

Dolor de cabeza. Náuseas, vómitos. Mareos. Sueño, embotamiento. Cansancio. Dolor en el pecho. Pérdida del conocimiento, Convulsiones.

¿Que hacer ante los primeros síntomas?

- Abrir las ventanas.

- Salir a un ambiente ventilado.

- Concurrir a un centro asistencial.

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