miércoles, 2 de marzo de 2011

HISTORIAS DE LOS CUERPOS DE BOMBEROS DE COLOMBIA

HISTORIAS DE LOS CUERPOS DE BOMBEROS

La historia de los incendios en Colombia nos presenta situaciones curiosas. Es así como encontramos que en 1752 la casa del cronista Vargas Jurado en Bogotá, fue apagada “gracias a la solidaridad y al altruismo de las chicherías vecinas que, para apagar el incendio, se gastaron cien o mas botijas de chicha”.[1] En 1881 un incendio voraz destruyó totalmente el pueblo de Buenaventura, compuesto de casas ensambladas en madera y techos de palma. Estos incendios motivaron a los ciudadanos, para buscar la manera de obtener la protección contraincendios. Ejemplo, en Bogotá, como lo vemos en la siguiente crónica: “Hubo antecedentes, según se desprende del acta publicada en el periódico El Heraldo, en su edición del 18 de diciembre de 1889, que dice:
«El día 17 de diciembre de 1889 en la casa del señor Rafael Espinosa G. y previa convocatoria por parte de los señores generales Rafael Reyes, Roberto Urdaneta y Marco A. Pineros, señores Manuel Samper B. y Carlos José Espinosa, entre otros, se reunieron y convinieron unánimemente: 1. Organizar una Compañía de Bomberos, destinada a prestar sus servicios en dondequiera que haya un incendio en la ciudad de Bogotá; 2. Esta Compañía se denominará «Bomberos de Bogotá»; 3. Para su mejor organización, esta Compañía se dividirá en seis secciones, cada una de las cuales cuidará especialmente del ramo que se le encargue; 4. Los Bomberos de Bogotá tendrán los siguiente empleados: un Comandante, Jefe de Compañía; un Ayudante, Secretario; Seis Capitanes, Jefes de Sección; un Capellán; 5. Cada Jefe de Sección, nombrará para la misma, un Sargento y dos Cabos; 6. Para formar el Fondo necesario al objeto que los Bomberos de Bogotá se proponen, se nombrará una misión que recoja en el comercio una suscripción voluntaria y solicite el debido apoyo de los gobiernos Nacional, Departamental y Municipal».”[2]
La intervención estatal en Colombia, respecto de los Cuerpos de Bomberos, se observa en la creación del Cuerpo de Bomberos de Bogotá. El 14 de mayo de 1895 siendo Presidente de Colombia MIGUEL ANTONIO CARO y Ministro de Guerra (Hoy: de Defensa) EDMUNDO CERVANTES, se firma el decreto que ordena la incorporación de 25 agentes a la Policía Nacional, que integrarán lo que se denominará sección de bomberos. Estos bomberos fueron comandados por el señor Alejandro Lince, quien recibió el cargo de Comisario de Tercera Clase.


Encontramos un relato sobre el decreto de creación del Cuerpo de Bomberos de Bogotá que dice: “Los créditos adicionales al presupuesto de rentas y gastos de 1895 y 1896 contemplaron una partida especial de $25.000 «para dotar a Bogotá de bombas y demás enseres necesarios para apagar incendios», apropiación que logró invertirse en un equipo de bomberos. Se reglamentó también el servicio. Este constaba de veinticinco hombres y como funciones principales, fuera de extinguir incendios, tenían las de «conocer a cabalidad las calles en donde estuvieran situadas las distintas cajas de distribución de acueducto; sacar cada ocho días las bombas a las distintas partes de la ciudad en que haya agua, con el objeto de hacerlas funcionar convenientemente; cuidar los caballos y atender permanentemente el teléfono». Por gestión de comisario Alejandro Lince, se importó desde Inglaterra un equipo Merryweather consistente en dos bombas de palancas y pistón, extinguidores portátiles de sustancias químicas y cubos de cuero.”[3]
El 20 de Mayo de 1900 se presentó un gran incendio que destruyó las galerías situadas en la Plaza de Bolívar y el palacio municipal, situado en el costado Occidental, allí se evidenció la ineficiencia del cuerpo de Bomberos por falta de equipos y de agua, siendo liquidado. En 1904 se restableció el servicio, que por falta de incendios se suprimió, volviendo a aparecer en 1917, cuando se ordena la reorganización total de la Sección Bomberos y se crea, además, una Sección de Bomberos Departamental. Estas dos entidades tuvieron constantes fricciones por razones de jurisdicción. En 1919 se unificaron quedando en servicio dos comisarios y 46 agentes.
En 1924 se dictó la ley 61 de diciembre 17, por medio de la cual se modificaron la asignaciones civiles para los bomberos, en la siguiente forma: Un comisario jefe de primera clase, $110; un comisario de segunda clase, $75; tres agentes de primera clase, $46 cada uno; ocho agentes de segunda clase, $43 cada uno; treinta agentes de tercera clase, $40 cada uno; dos choferes, $60 cada uno.”[4]
Volviendo al tema de los incendios que se presentaban en todo el territorio patrio, nos remitimos al Eje Cafetero. Manizales es destruida por dos incendios que ocurren en 1925 y 1926. “El primero devastó 23 manzanas de 254 y 216 edificios, entre ellos el palacio de gobierno, el obispal, los bancos de Londres, del Ruiz, Mercantil y de Caldas y numerosas casas. El segundo quemó totalmente la catedral (de la que hoy queda como réplica la iglesia de Chipre) y 21 edificios.”

Ante la falta de agua, para controlar estos incendios debieron utilizar dinamita, para destruir los edificios aledaños a los incendiados y evitar así la propagación del fuego. Esta es la narración de un historiador:

De repente salta sobre los tejados el grito angustioso de nuestra campana... ¡Fuego! grita nuestra campana desde lo alto de su torre...Dos sombras corren desaladas dando gritos: ¡Incendio! ¡Incendio! Ya son diez, veinte, cuarenta. Un pequeño grupo se agita en la esquina trágica. Ya por las ventanas asoman las lenguas azules y viperinas de la llama. Agua poca, bombas ninguna, herramientas, nada, nada. Y el grupo espasmódico se queda por un momento hebeteado de pavor, mudo y estático ante lo irremediable. La ciudad estaba herida en el corazón... Y anónimamente estalló la primera carga de dinamita. Era una pequeña cápsula de gelatina empotrada en un grueso muro de mampostería, la casa tembló pero quedó en pie. El heroico remedio consistía en crear una ancha zona de escombros en torno del fuego enemigo, una trinchera nivelada en donde pudiera el hombre luchar siquiera cara a cara con el adversario. Se ensayó una libra de gelatina fulminante y los edificios apenas se doblaron sobre sus cimientos. Era necesario despedazarlos, volverlos materialmente añicos... y se ensayó la primera caja de cincuenta libras de la pavorosa fórmula química...[5] “Manizales no contaba con un acueducto de presión suficiente para combatir las llamas, tampoco tenía cuerpo de bomberos ni maquinaria que amortiguara su voracidad. Las pérdidas materiales fueron avaluadas en doce millones de pesos oro, suma astronómica para la temprana fecha de 1926.”
En abril de 1928 en la ciudad de Cali se incendió el Teatro Jorge Isaacs, recinto de tres pisos, con platea, palcos y galería. Esto motivó a algunos ciudadanos para conformar el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali. Sus integrantes presentaron juramento ante el Alcalde municipal Nicolás Ramos Hidalgo, en la Plaza de Armas, el 20 de julio de 1928. Inicialmente el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali se financió de colectas que se hacían visitando a las industrias y comerciantes, que recibían a cambio de su donación una pequeña bandera de color rojo y blanco. En 1959 el Concejo Municipal decretó para el Cuerpo de Bomberos Voluntarios un sobre-impuesto del 5% sobre el impuesto de Industria y Comercio. Eran $ 30.000 mensuales, inmensa suma para la época.

El 26 de enero de 1931 un nuevo incendio se presenta en Buenaventura, arrasando el sector del comercio, oficinas y la iglesia. “No llegaron las llamas hasta la barriada de la burguesía pues el parque aisló el fuego, y además el administrador de aduanas, Pacho Uribe, tumbó media docena de casas para zanjarle tronera al incendio.”[6]

En la ciudad de Bucaramanga, sin contar con la destrucción total de la ciudad, se contaron incendios importantes como el de la Ferretería La Llave, el 26 de enero de 1930. Allí se combatió el fuego durante seis horas, siendo necesario romper las calles para abrir las tuberías y transportar agua en canecos[7] para evitar la propagación a la plaza de mercado central que quedaba anexa y sufrió algunos daños.
En 1935 ardió la fábrica más grande de tabaco que existía en Colombia: “CIGARRILLOS VILLAMIZAR HERMANOS” que generaba empleo a cuatrocientos obreros. Esto hace que el capitán de la policía JOAQUIN BENITEZ organice un Cuerpo de Bomberos en un sector cercano a la plaza de mercado. Inicia con veinticinco hombres, una máquina compuesta por dos tanques de bicarbonato y ácido sulfúrico, dispositivo para agua, baldes, picas, palas, lazos y una escalera de madera.
En 1945 se incendió la Joyería Granados, presentándose simultáneamente a las labores de extinción, una labor de saqueo del establecimiento y por ese motivo se desintegró la institución bomberil.
En 1948 se presenta el incendio del periódico liberal “El Demócrata”, evidenciándose la necesidad de contar nuevamente con un Cuerpo de Bomberos que dependiera directamente del Gobierno Municipal.
“Transcurrido el consabido tiempo de diligenciamiento, se crea el cuerpo municipal de Bomberos, para la prevención y extinción de incendios y como auxiliar de otras calamidades públicas, mediante el Decreto Municipal numero 140 de septiembre 27 de 1950. En este año la población que tenia que atender era 112.152 habitantes; se instaló la institución en la calle 41 con carrera 8 y sus recursos eran: dos maquinas FORD modelo 50, extintores de bomba a volumen, capacidad de 1.000 y 800 galones de agua, otra máquina extintora a base de bióxido de carbono para rescates e incendios de materias inflamables, además de esto un automóvil marca FORD para el comando.
El equipo con el cual inició actividades se va haciendo obsoleto, ya por desgaste propio, como el automóvil del comandante que es reemplazado por una camioneta Chevrolet, modelo 58, o porque debido a la industrialización se presentan conflagraciones imposibles de atender con las máquinas con que contaban. Al verse la incapacidad del equipo, que ya en 1961 tenia que atender a una población de 229.748 habitantes, en 1962 se importan dos máquinas modernas de presión Ford, modelo 1962 con capacidad de 500 galones de agua.”[8]

[1] Luis David del Castillo MartínezTomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 63Marzo de 1995 [2] Luis David del Castillo MartínezTomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 63Marzo de 1995 [3] Luis David del Castillo Martínez Tomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 63 Marzo de 1995 [4] Luis David del Castillo Martínez Tomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 63 Marzo de 1995 [5] Boletín Cultural y Bibliográfico Número 7, Volumen XXIII, 1986http://www.banrep.gov.co/ [6] CALI ENTRE FUEGOS Historia del Cuerpo de Bomberos. Enero de 2001. [7] CANECO: recipiente en hojalata utilizado para envasar pinturas, leche en polvo, ect. [8]DIAGNÓSTICO Y EVALUACIÓN DEL SISTEMA DE PREVENCIÓN Y CONTROL DE INCENDIOS EN EL ÁREA METROPOLITANA DE BUCARAMANGA Rafael Herrera Jaimes y Luz Mildred Suárez Moreno 2004

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