lunes, 7 de marzo de 2011

San Mateo, cap. 7.

Prevención de Desastres
Calixto (Q.E.P.D.)
Publicado - Published: 07/03/2011

Noveno domingo del tiempo ordinario.

"Dijo Jesús: El que escucha mis palabras y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que edificó su casa sobre roca". San Mateo, cap. 7.

Después de algún fracaso, todos resultamos peritos en diagnósticos: hubo sobrepeso en las losas. No era el momento de lanzar ese producto. Se enganchó a empleados irresponsables. Ese colegio era un desastre. Los papás nunca estuvieron con ella. ¿Cómo se te ocurrió esa corporación?

El Señor nos presenta una fórmula para que no se desplome nuestra casa. Para que nuestros proyectos fructifiquen. Para que cada hogar sea próspero y estable: escuchar su palabra y ponerla en práctica. Algo muy teórico, que es necesario profundizar y llevarlo a la práctica.

Pero si preguntamos a muchos bautizados sobre la enseñanza de Jesús, no serían muy alentadoras las respuestas. Cuando participan en la misa escuchan de paso la Palabra de Dios, pero sin digerir su contenido. Y otros cristianos nunca han puesto los ojos sobre una Biblia, ni cultivan su fe con alguna lectura religiosa.

En épocas pasadas se nos descubrió el Evangelio como conjunto de mandatos. Pero es más real y pedagógico entenderlo como la presentación de unos valores.

El Señor pocas veces ordena. Casi siempre invita, ofrece, propone. Y entre todos los valores que Jesús nos enseña, el primero de todos es su actitud de hijo. Jesús siempre se comporta como Hijo de Dios. Ora y confía en el Padre de los cielos. Acepta las pruebas en actitud de hijo. Y nos enseña a vivir de esta manera. Entre las parábolas del Maestro, existe una, la del Padre Misericordioso, que proclama solemnemente esta enseñanza. Ella nos muestra que ningún fracaso será definitivo. Que siempre habrá caminos de regreso hasta el hogar donde Dios nos aguarda.

De este primer valor se deriva, por generación espontánea, un segundo: la fraternidad. Jesús vino a enseñarnos quiénes somos. Qué sentido tiene la sociedad humana, qué métodos son los más acertados para avanzar de forma comunitaria. Porque todos somos hijos del mismo Padre, "que hace salir su sol sobre buenos y malos y llover sobre justos e injustos".

Ahondando en la palabra del Señor, descubrimos que la fraternidad sería vana, si no la convertimos en solidaridad. Quienes han hecho el bien en forma generosa, encontrarán muchas manos tendidas si los visita la desgracia. En términos de economía el compartir nunca es un gasto. Es una inversión, que renta sobre todo en los tiempos difíciles.

Y Jesús además, en su palabra, nos motiva a la trascendencia. Un término que podríamos comprender como esperanza. Extraña que ciertas personas, aun de Iglesia, se preocupen demasiado por mantener la fe y fortalecer la caridad. Pero a veces ni viven, ni difunden en derredor la esperanza.

Esta adhesión a Dios, el dueño de la historia, nos ayuda a sentir y entender que, aunque arrecien las lluvias y se salgan los ríos de su cauce. Aunque soplen los vientos, los sembrados se aneguen, se hunda nuestra casa y nosotros mismos naufraguemos en el mal, el Señor puede cambiar nuestra suerte.

"Aunque camine por cañadas oscuras, nos dice el Libro de los Salmos, ningún mal temeré porque tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan".

(En 1981, el domingo 8 de marzo fue el primer domingo de Cuaresma, que este año de 2011 será este 13 de marzo. Por tal motivo, no coincide este comentario con el que se publicó en esa fecha).
El Colombiano.

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