domingo, 19 de abril de 2015

La tragedia de los animales ante una emergencia. Caso Chile

El reciente aluvión que ha azotado el norte de Chile nos ha mostrado episodios desgarradores. Hasta hace pocas horas, el Gobierno de Michelle Bachelet informó que son 18 las personas fallecidas por el temporal, otras 49 siguen desaparecidas, y es probable que ambas cifras sigan aumentando.

El aluvión y desbordamiento de los ríos parece un desastre natural, y como tal, inevitable y que exime de cualquier examen de responsabilidad. Sin embargo, la emergencia pone en evidencia la geografía de la segregación de los más empobrecidos, lo urgente de un reordenamiento territorial, así como otras medidas contundentes para hacer frente al cambio climático que sin duda está afectando al país.
Las emergencias en Chile‬ también nos muestran la cara oculta de la desigualdad, la pobreza y la ineficacia del Estado para velar por los derechos de los más vulnerables. Por el aluvión, salen a la luz tragedias aún más terribles y cotidianas, como las trabajadoras en el norte que vivían en containers, encerradas bajo llave de sus empleadores: una lógica hacendal impensable en un país moderno. Varias de esas mujeres han desaparecido (y probablemente, fallecido), arrastradas por el alud y en la angustia de ni siquiera poder escapar.
perrito barro
Imagen: eldinamo.cl
Algo similar ocurre con los animales. Este lunes, voluntarios en el norte del país, nos cuentan que la mayoría de los perros que subsistían en las calles de Chañaral, Copiapó y Taltal, ya antes víctimas del abandono y de nuestra indiferencia, murieron ahogados en el lodo. Los animales que no han muerto, hoy deambulan entre escombros, desvalidos, mojados y perdidos. Otros, con algo más de suerte, son rescatados con la ilusión incierta de encontrar alguna manera de subsistir.
En un país ícono del abandono de perros y gatos, ninguno de estos animales vale la pena para las disposiciones del gobierno. Tampoco cuentan las vidas de los grandes animales usados por la industria ganadera que están pereciendo anónimos. Sus muertes y su sufrimiento no son suficientes para los protocolos de rescate ni para otros planes del gobierno ante emergencias, pues tampoco lo han sido para el diseño de políticas reales de bienestar animal.
El desastre del aluvión, así como los incendios que están sucediendo en el sur del país, ya no son sólo sucesos de la incontenible naturaleza. Estas emergencias son evidencia trágica de que no estamos preparados para responder ante un desastre natural y prueba de la omisión histórica de los animales como seres que merecen regularmente protección y también consideración cuando su vida está en juego.

https://youtu.be/yTNPqhsPZzg
Chile, me dueles. Tu única esperanza es tu gente. Esas personas de a pie, pero de corazón valiente, que por voluntad, dejan su comodidad y arriesgan la vida para rescatar a un perro atrapado entre las ruinas de lo que era su hogar. Chile, el de las manos solidarias y anónimas que aún con incendios a cuestas, no titubea en organizarse para reunir ayuda, para dar calor, para luchar por las vidas de otros, humanos y otros animales que están sufriendo.
Chile, no te olvides. No olvides nunca de mirar al otro a los ojos y confesarnos, sin pudor y hasta con ternura, “me importas. Tu sufrimiento me importa”. Sea un perro, nuestro quiltro, ese espíritu fiel, amistoso y vulnerable: “me importas”. Ése es el país que por ahora nos queda.

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