lunes, 14 de noviembre de 2011

75 Años de la tragedia por el Incendio en Lagunillas

Hace 72 años ardió Lagunillas


“América Latina de luto”, así titularon los periódicos internacionales el día que el poblado palafítico de Lagunillas de Agua se convirtió en un infierno. Hoy se cumplen 72 años de la tragedia de la industria petrolera más grande de la historia de Venezuela, que cobró la vida de unas 800 personas y dejó a otro centenar de heridos de gravedad. Un consumidor incendio devoró la historia de un pueblo y, sin duda, marcó de por vida la historia de un noble gentilicio, reseña La Verdad.
Fue el 13 de noviembre de 1939. El pueblo de agua, habitado por más de cuatro mil personas en unos mil 200 palafitos, desapareció en un abrir y cerrar de ojos. El primer gran derrame petrolero de la historia, causado por una avería del pozo 1 de la Venezuelan Gulf Oil, antecedió al suceso que enlutó a toda la nación. Nadie fue indemnizado. Solo quedan los recuerdos y la proeza de héroes y sobrevivientes que fueron los forjadores de lo que hoy se conoce como Ciudad Ojeda.
Luis Contreras, sargento de los Bomberos Marinos, historiador y conocedor de los hechos más resaltantes ocurridos en el Lago de Maracaibo, recuerda que las compañías a cargo de la explotación petrolífera en ese tiempo fueron la Venezuelan Oil Company, Venezuela Gulf Oil y la Lago Petroleum. “Fue una noche de terror. El fuego inició en el Bar Caracas y su propietaria, llamada Alicia Mendoza, intentó encender una lámpara, estalló, la quemó y ella la arrojó a las aguas llenas de aceite y petróleo”.
El escenario fue terrorífico. El fuego se extendió por toda la capa aceitosa que cubría la rivera del Lago. En el lugar reinó la desesperación. Hombres, mujeres y niños corrían exasperados por las planchadas de madera de un lugar a otro sin tener una salida.  Todo estaba envuelto en llamas. Trabajadores petroleros de guardia arrimaron una gabarra para hacer de puente y salvar a decenas de personas, las otras se incineraron.
Desesperantes momentos
Omar Bracho, cronista de Lagunillas, cuenta en uno de sus ensayos que la evidente capa de petróleo en la superficie del Lago, debajo de las viviendas, y los gases inflamables, que procedían de las cercanas instalaciones petroleras, saturaban la atmósfera y agravaba la situación. La gente debió salir de ahí, pero se negó.
“La situación fue de emergencia. Obligaba a los pobladores a guardar absoluta prudencia, incluso había un hombre de apellido Olmos que salía a las planchadas prohibiendo el encendido de cualquier tipo de combustible, líquido o sólido, y hasta impidió que se usara la miniplanta eléctrica que suministraba energía. El peligro era latente, pero la imprudencia hizo que los temores se hicieran realidad”.
La llamarada se sofocó sola a casi dos días. Fue la primera vez que Venezuela recibió ayuda internacional. Los sobrevivientes ocuparon la recién inaugurada urbanización Eleazar López Contreras y de ahí nació lo que hoy se conoce como Ciudad Ojeda.
Historia vuelta ceniza
La comunidad de agua inició antes de 1550. Para ese entonces contaba solo con 38 palafitos. Con el descubrimiento del campo Lagunillas en 1926 con el pozo Lago-1 y el reventón del Barroso, el pueblo experimentó un acelerado crecimiento. Llegaron a él trabajadores petroleros de todos los rincones del país y el exterior.
Fue sorprendida por vendavales y por dos incendios menores antes de su destrucción total. Tristemente en la Costa Oriental del Lago no existen lugares que rememoren los hechos acaecidos aquella noche de 1939. Ni siquiera fue declarado camposanto. Quienes conocen la historia dan fe de lo ocurrido solo por los recuerdos que trascienden en el tiempo.

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