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En El Piñal (Foto Fraiban R.)
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Bomberos latinos llaman desagradecido al alcalde de Nueva York

Noticias


Nueva York. Dirio La Prensa. | 4 junio de 2011
Cientos de bomberos, concejales y varios funcionarios electos se congregaron en las afueras del Ayuntamiento, para protestar en contra del posible cierre de 20 compañías en los 5 condados, como parte de un plan del Alcalde Bloomberg para cubrir una brecha presupuestaria de $55 millones de dólares.

Al ritmo de la legendaria melodía "We Will Rock You", bomberos de la Gran Manzana alzaron su voz en una sola frase: "No cierren las compañías. Salven vidas".

Bomberos latinos llamaron "mal agradecido" al alcalde, por no valorar su sacrificio diario y su entrega durante el 9-11.

Jorge Paz, de origen hondureño y con 5 años de servir como bombero en la estación de la calle 91 en Manhattan, manifestó: "es nefasto. Bloomberg arriesga innecesariamente la vida de miles de neoyorquinos. Es imposible de creer que nuestro alcalde se muestre tan insensible, sobre todo porque durante septiembre-11 mis compañeros entregaron su vida".

Paz, quien acudió a la protesta en compañía de su pequeña hija de una año, pidió a Bloomberg no tener "oídos sordos" a las peticiones de los bomberos de los 20 cuarteles que corren riesgo de ser cerrados.

Maud Veneski, de la organización "People’s Firehouse", manifestó "He trabajado por 20 años en esta oficina y he visto a los bomberos mostrar absoluto heroísmo en momentos de peligro. Nos oponemos totalmente a que la sociedad civil quede en desamparo".

El concejal Ydanis Rodríguez expresó, "los recortes son inaceptables. El cierre de las 20 compañías de bomberos causará un efecto dominó en la Ciudad. Los miembros del Consejo Municipal no permitiremos que nuestra comunidad sufra las consecuencias".

La concejal Debi Rose afirmó, "los tiempos de respuesta para atender emergencias se incrementaran considerablemente. Nuestras familias quedarán expuestas y todos nos lamentaremos por ello. El mensaje es claro: ¡No al cierre de las estaciones de bomberos!".

Steve Cassidy, presidente de la Asociación de Bomberos Uniformados, lamentó que el plan del Alcalde Bloomberg sólo contemple "prioridades equivocadas" y desatienda las necesidades básicas de seguridad, sobre todo porque Nueva York está expuesta a ataques terroristas.

Cassidy dijo que Bloomberg evadió deliberadamente su responsabilidad con los neoyorquinos. Isabel Crowley, presidenta de "Fire and Criminal Justice", calificó como "injustificable" la propuesta de la alcaldía "porque cientos de millones de dólares son destinados a contratos que no son esenciales para la Ciudad".

Al finalizar la conferencia de prensa, los bomberos se dirigieron al Puente de Brooklyn para realizar una marcha.

Trascendió que ocho de las compañías de bomberos se encuentran en Brooklyn, cuatro en Queens, dos en Staten Island y tres en Manhattan y El Bronx. En días recientes, Bloomberg declaró ante medios de comunicación que la consideración de las compañías que podrían cerrar tenía que ver con sus tiempos de respuesta y número de llamadas de emergencia. El alcalde sostuvo que el plan presupuestario era realista con la situación fiscal de la ciudad.

El Diario La Prensa.

Una historia olvidada en la Zona Cero


Por:   Atilio Boron


Tan preocupados estaban en la Casa Blanca por perseguir a Bin Laden, cuyos numerosos familiares fueron los únicos autorizados -entre decenas de miles que rogaban por lo mismo- a abordar el único avión que abandonó Estados Unidos al día siguiente del 11-S, que en la confusión tanto al presidente como al alcalde de New York se les "olvidó" indemnizar a los BOMBEROS, Paramédicos, Rescatistas y jornaleros que trabajaron durante días y semanas recuperando cadáveres y removiendo escombros de las Torres Gemelas, inmersos en una nube tóxica que dañó irreparablemente sus organismos y en especial sus pulmones.

Pero esta es, como diría el inolvidable Howard Zinn, “La otra Historia” de los Estados Unidos, la de las víctimas, los oprimidos, los pobres, los marginales. Esa historia no se cuenta y fue Zinn quien hizo una labor extraordinaria al contarla en un libro que precisamente tiene ese nombre y que debería ser leído por todos los interesados en conocer como es el “capitalismo realmente existente” y no las historietas pergeñadas en Hollywood que nos pintan una visión idealizada de Estados Unidos.

Lo anterior viene a cuento porque una investigación realizada por la Yeshiva University de la ciudad de New York y cuyos hallazgos fueron publicados por el prestigioso New England Journal of Medicine en Abril del año pasado constató la existencia de 13.954 afectadas por la inhalación de gases tóxicos durante sus trabajos en las ruinas de las Torres Gemelas.


 Los investigadores declararon en diversas fuentes que tal cifra subestima el número real de víctimas afectadas por los arduos trabajos de rescate y limpieza: se calcula que unos dos mil más no fueron registrados sea porque habrían muerto a causa del envenenamiento padecido en esas tareas o por complicaciones con otras enfermedades, o porque siendo muchos de ellos indocumentados temían que al presentarse ante los investigadores la odiada “migra”, la policía migratoria de Estados Unidos, los detectara y terminara por deportarlos.


Nada de esto mencionó Barack Obama en la demagógica visita que hiciera a la Zona Cero el Jueves 5 de Mayo, una vez confirmado el asesinato de Osama Bin Laden.

 El presidente habló de quienes colaboraron con heroísmo y abnegación en las tareas de rescate y limpieza, pero no dijo ni una palabra sobre la escandalosa desidia e ingratitud  con que fueron (mal) tratados esos trabajadores, material de desecho en cualquier economía capitalista y mucho más en los Estados Unidos.

Según el corresponsal de la BBC en New York a principios de 2008 -¡es decir, casi siete años después de producido el atentado!- sólo seis (sí, no hay error: seis) de algo más de 10.000 demandas que habían planteado los trabajadores por los graves trastornos ocasionados a su salud habían recibido alguna clase de compensación por parte de las autoridades norteamericanas. Justicia burguesa, que le dicen. O refutación práctica del discurso sobre los derechos humanos, la libertad y la justicia con que Washington permanentemente oculta sus mayores tropelías.

¿Qué credibilidad puede tener quien se comporta como un gobernante desalmado con su propio pueblo, que generosamente se involucró en un trabajo insalubre tan sólo para que, luego de terminado, se desoyeran sus justos reclamos? Como era de esperarse las protestas y presiones de las víctimas prosiguieron y recién en Abril del 2010, a casi nueve años del siniestro, se llegó a un primer arreglo mediante el cual los trabajadores, en una demanda legal colectiva -lo que en la legislación norteamericana se califica como una “class action”- podrían llegar a recibir, ¡diez años después de la tragedia!, 657.5 millones de dólares de compensación, a razón  de unos  65.000 dólares por persona. Por supuesto, podrá haber algunas excepciones en donde, sobre la base de una revisión a cargo de un juez -en un proceso invariablemente largo y costoso- algunos de los damnificados podría obtener una compensación algo mayor. Pero por ahora la cifra es aquella.

Está demás aclarar que con esa suma los afectados difícilmente podrán pagar las facturas médicas acumuladas a lo largo de tantos años de total abandono por parte de los cruzados de la libertad y la justicia instalados en la Casa Blanca; va de suyo que los desafortunados que requieran un tratamiento más complicado quedarán a la vera del camino y deberán arreglarse como puedan.

En Estados Unidos la salud es una mercancía más, y como lo recordaba Alfredo Zitarrosa en su “Doña Soledad”, “Usted se puede morir, eso es cuestión de salud, pero no quiera saber lo que le cuesta un ataúd.” Téngase en cuenta que una simple operación de apendicitis en New York puede llegar a costar fácilmente 30.000 dólares y ya está todo dicho. Ah, ¡me olvidaba!: los honorarios de los estudios de abogados involucrados en esta larga, penosa y humillante batalla legal de los rescatistas ya superan los doscientos millones de dólares; es decir, casi la tercera parte de lo que se le va a entregar a los trabajadores ya se lo apropiaron los “caranchos” que lucran con esta desgracia. 

Ellos no  tuvieron que esperar. Conclusión: Washington puede invadir países, torturar, asesinar, promover golpes de estado y entrar en guerras sin autorización del Congreso, pero la Casa Blanca se muestra impotente para hacer justicia y compensar adecuadamente a la anónima legión de quienes se jugaron la vida y su salud en la Zona Cero con el pretexto de que el Congreso no autorizaría tales gastos.

Claro que si de lo que se trata es de pergeñar un salvataje de bancos y financieras el Capitolio y la Casa Blanca, siempre sensibles ante los intereses de las clases dominantes, toman la decisión en cuestión de días, y los CEOs del casino financiero recobran sin demora sus millonarios salarios en dólares. En cambio, los que asumieron la humanitaria tarea del rescate y la limpieza del desastre de las Torres Gemelas son humillados con una espera de casi diez años y una compensación ridícula tomando en cuenta los perjuicios ocasionados y el tiempo requerido para su indemnización. 

Esta es la “otra historia” de los Estados Unidos, a la cual según Zinn debemos prestarle la máxima atención porque revela la inmoralidad inherente e incorregible del capitalismo y la necesidad de acabar con él lo antes posible, antes de que, como lo viene diciendo Fidel, ese sistema acabe con la humanidad. 
  

Tortuga piromaniaca

Una lenta tortuga causó un incendio que se propagó con rapidez en un apartamento de la ciudad de Nueva York debido a que se salió de su estanque y derribó la lámpara de calor de su terrario, dijeron el martes los bomberos.
La tortuga africana Giovani, de seis años y del tamaño de una pelota de fútbol, sobrevivió a las llamas, aunque un bombero y tres policías sufrieron intoxicación por humo durante el incendio ocurrido la noche del lunes en Bay Ridge, Brooklyn, dijeron las autoridades.
Otra tortuga que vivía en un estanque de agua murió en el lugar.
De acuerdo con el diario The New York Post, ambos reptiles vivían en el dormitorio de su dueño. Mohamed Salem, de 18 años, y su familia se encontraban ausentes cuando ocurrió el incendio.
Los bomberos dijeron que la lámpara de calor cayó al piso e incendió una pila de materiales para arte, como solvente y pintura. En cuestión de minutos, las llamas se propagaron en el apartamento que se encontraba en el tercer nivel.

Un "Bacheo" para la N° 2 del termial

Hoy fue un día lleno de Bendiciones para La Estación N| 2 del Terminal de Pasajeros de La Concordia, Una Cocina nueva llego a Los BOMBEROS ...